jueves, 21 de agosto de 2014

La escritura de Borges

El mundo creado...
Para Borges, la realidad se comporta a través de los hechos y es inasible; en cambio, la literatura se dinamiza mediante el lenguaje y es convencional. "Los hechos narrados, la literatura -cuyo instrumento es el lenguaje-, no puede agotar la infinita riqueza de la realidad: la literatura es también ... invención. Así, dentro de esta órbita convencional que es el esfuerzo no de trasladar la realidad ... sino de representarla, el problema consiste en la eficacia de esa representación."

La escritura de Borges en Fervor de Buenos Aires y El Hacedor




La escritura de Jorge Luis Borges es autorreferencial. La imagen del texto y la imagen del narrador están determinadas por este rasgo constante, reiterativo. Borges escribe poemas, relatos y ensayos en los cuales el proceso de escritura y la función del escritor son materia en juego en el interior de la representación propuesta. Las claves de la lectura pertenecen al mundo de los libros, al mundo de la literatura. El escritor-lector llamado Borges produce literatura en los marcos de un dominio literario donde el lenguaje es materia de transformaciones producidas por el proceso dialéctico entre las formas ya existentes o tradicionales y la operación ejecutada por él con esas formas. El escritor manipula palabras, conceptos, tópicos, tropos, géneros, libros. Cuando nos preguntamos desde una perspectiva global por la obra de Borges, advertimos que su manipulación genera un cuerpo literario marcado por la recurrencia, por la insistencia en ciertos procedimientos y temas que la atraviesan.
El marco desde el cual pretendo dar cuenta de esas recurrencias tiene dos ejes predominantes y explícitos. Uno, la versión que el mismo Borges tiene de su escritura. Para Borges la literatura es una actividad (vital como otras) relacionada con el lenguaje. La literatura tiene un campo perfectamente delimitado y restringido. Se trata del juego técnico preciso capaz de crear mundos proponiendo órdenes de cosas cuya condición es la transitoriedad. Si bien el propósito de la literatura aparentemente consiste en capturar la así llamada realidad, el escritor comprueba ­en el camino de su experiencia­ que ese propósito es imposible ya que la compleja y misteriosa manifestación de lo real se resiste a una reducción sujeta a la linealidad, a la sucesión, a la parcialidad de la perspectiva inevitablemente personal del sujeto.
La actividad literaria está conectada con la historia o con cualquier actividad de lenguaje de propósito documental. La tarea del escritor, pese al carácter imposible de la empresa, insiste en el intento de hacer con el lenguaje una representación que mime la complejidad de los hechos. Sin embargo, lo que Borges propone sobre la escritura y la literatura es que las palabras remiten a las palabras ya que perdieron su contacto con el recuerdo de los hechos, los cuales fueron siempre otra especie de objeto irreductible al lenguaje articulado o alfabético.
La incapacidad de capturar la realidad a través de palabras de las cuales se escapa lo esencial, no impide a Borges realizar el intento de poblar de mundos, conjeturas, lugares, sugestiones la fantasía del lector, lo cual ilustra el proceso contradictorio y productivo que caracteriza su enunciación. A la vez, este trabajo productivo está desprovisto de la sacralización que en ciertos momentos de la historia literaria ha caracterizado el quehacer poético. Leer a Borges es un juego que nos introduce explícitamente en un territorio donde las señales llevan siempre a otro libro, a otra lectura. Así, la recepción requiere un lector que ya ha leído.
El circuito de la lectura se abre a múltiples interpretaciones. El texto dice más o dice menos pero no es nunca el mismo. En el prólogo de El otro, el mismo cuenta una anécdota que ilustra esto último. Cuando estuvo en Lubbock una muchacha le preguntó si El Golem no era una variación de Las Ruinas Circulares y el contestó que había cruzado todo el continente para oír esa revelación.
Un resumen de mi experiencia de lectura de Borges con propósitos expositivos y de análisis puede reducirse a los siguientes puntos:
1. La obra de Borges se ofrece inserta, tanto por su estructura interna como por su programación externa y expresa, en conjuntos identificables con los géneros tradicionales: relatos, poemas, ensayos.
2. Los géneros de carácter histórico, y por ello cambiantes, asumen en la escritura de Borges una particular especie derivada del uso no tradicional de formas heredadas tradicionales. Borges explora las posibilidades argumentativas, narrativas y líricas, llevándolas al límite de la tensión de estar a punto de transformarse en otra cosa, pero manteniéndolas en una especie de borde genérico ambiguo.
3. La escritura de Borges es un cuerpo orgánico, coherente, repetitivo, insistente de una serie limitada de tópicos, temas y procedimientos. Estas repeticiones con variaciones caracterizan la textura de su obra, dándole unidad.
4. Las variaciones y transformaciones de los temas y procedimientos reiteran algunas intuiciones fundamentales que Borges tiene sobre el tiempo, los libros, el saber, la memoria, los sueños, el escritor, el hombre.
5. La obra lírica de Borges comparte las características que he señalado antes de modo que manteniéndose en el género, a la vez muestra algunas especificidades propias de la poética borgeana. Así, Fervor de Buenos Aires(1923) y El Hacedor (1960), que describiré a continuación, ejemplifican lo afirmado.
Un segundo marco de nuestra lectura está dirigido por la proposición de sistematizar la complejidad del texto literario en cuatro niveles que servirán como parámetros o coordenadas de la descripción. Se trata de conceptos sintéticos, clasificatorios: imagen de mundo, imagen del narrador, imagen del texto, textura1.
IMAGEN DE MUNDO
Las referencias recurrentes de Borges sobre el lenguaje, el tiempo, la memoria, la poesía, la identidad, la historia, están presentes en los textos que comentaré y en cada uno de ellos con un énfasis diferente. En Fervor de Buenos Aires se insiste en la representación de objetos y lugares en tanto que en El Hacedor el tema del tiempo domina conectado con el de la historia y el de los mundos posibles.
El primer texto, el más antiguo, proyecta los temas a partir de un motivo desencadenante específico que se amplifica de acuerdo a los procedimientos propios de Borges. Podemos establecer series relativas al tiempo: atardecer, amanecer, tarde, sábados, noche, año nuevo; a lugares: ciudad, barrio, calle, casas, salas, patios, plazas, sepulcros, carnicería; y otra serie de tópicos tradicionales como: belleza, muerte, ausencia, regreso, despedida, y un tirano.
El tratamiento de estas series es personal y ello se evidencia cuando tratamos de establecer un paradigma o una dominante y vemos que los temas se diversifican entre lo costumbrista, lo sentimental y lo naturalista: no hay unidad temática. La amplificación de estos temas tiene las variantes propias de la escritura poética que emana de un hablante particular, Borges, centro generador del poema en cada caso.
Los poemas que presentan el tema del tiempo lo postulan como una categoría inherente de la vida humana; su percepción es fuertemente subjetiva; los objetos y los juegos son medios de memoria del tiempo y mecanismos de repetición que hacen evidente el vacío sustancial de la vida humana; este vacío está siempre en vías de llenarse de acuerdo con el juego que se juegue o de acuerdo con las imágenes momentáneas que un objeto sugiera o documente.
Los lugares y objetos están cargados de lo que el sujeto lee en ellos. Una cierta permanencia de los objetos permite al sujeto recorrer espacios idénticos, lo ayuda a mantener su noción de identidad y su historia. Los objetos, a la vez, le proponen enigmas que lo conducen al sentimiento de extrañeza y al distanciamiento.
Las experiencias intersubjetivas del sujeto están conectadas con objetos que habitan parloteramente la proximidad del mismo. Así, el piano, los muebles, el reloj, la casa de la infancia, los árboles, la verja, el mate, etc., son fuerzas significantes activas que le permiten al sujeto corporalizar una ausencia, una nostalgia, un deseo, un recuerdo, y finalmente un enigma.
La imagen del mundo construida a través de este libro recupera poéticamente los objetos habituales que pertenecen al recorrido habitual del hablante. Estos objetos se proyectan como signos de una familiaridad precaria, difícil de mantener o retener, pero por sobre todo, misteriosa, incomprensible, inexplicable en su persistencia como la imagen del sujeto reflejada en los espejos.
Las series temáticas de El Hacedor se pueden ordenar en torno a núcleos semejantes a los de Fervor de Buenos Aires, pero un énfasis distinto orienta la construcción de la imagen del mundo en un sentido diferente. Si en éste, son los objetos y su descripción la marca temática más reiterada, en aquél, en cambio, se trata de un circuito de relaciones conceptuales cuyo recorrido pasa una y otra vez por los mismos lugares.
Este circuito se puede decribir desde cualquier lado porque sus relaciones internas así lo permiten, pero creo que es el tiempo el elemento que determina en forma preferente los rasgos de todo el circuito. La imagen del tiempo es conceptual y de antigua raigambre filosófica: sustancia de la vida humana. Dado que vida es, por otra parte, sueño, entonces el tiempo también lo es. El juego es una metáfora que condensa los elementos necesarios para ejemplificar los mecanismos mediante los cuales es posible intentar una explicación de la vida humana. Así como el jugador mueve las piezas del tablero de ajedrez, y ellas no lo saben, así Dios mueve a los hombres sin que éstos lo sepan. Pero otros dioses mueven a Dios y así infinitamente.
Siguiendo con las relaciones temáticas fundamentales de este libro, la literatura se integra al circuito como una actividad que intenta fijar la sustancia humana. Pero la literatura es actividad humana y su sustancia es también temporal de modo que está sujeta a las mismas leyes que la vida. La historia acepta múltiples versiones y ninguna es definitiva o total. El olvido y la memoria en su complementación antitética y excluyente construyen el diseño del recuerdo que al pasar a la letra sigue experimentando las transformaciones inevitables del proceso del tiempo.
La metáfora del río pone los términos adecuados para sintetizar el circuito. El río de Heráclito el que a la vez fluye y permanece incluye en la antinomia anterior el dinamismo básico que implica la temporalidad y cada instante de significación y/o contemplación. El concepto de identidad dado en este circuito coopera en la misma dirección y se puede formular en la frase de Rimbaud "yo es un otro" que Borges varía de múltiples formas en sus diversos libros.
IMAGEN DEL HABLANTE
El hablante, en Fervor de Buenos Aires, tiene las marcas propias del género. Predominio de la primera persona a través de la pronominalización y de las diversas marcas formales de la enunciación como adverbios temporales y espaciales, la adjetivación y una semantización que surge del sujeto y no de la historia.
Las experiencias interiores del hablante se modalizan en dos actitudes fundamentales: una actitud afectiva frente a lo referido y una actitud reflexiva que se desarrolla a partir de la primera. La reflexión subordina a la emoción ya que el trabajo preponderante del sujeto es el análisis, la reflexión y la postulación de hipótesis sobre las materias que lo afectan. La escritura no es la única mediación, sino que lo es también un proceso lógico de ejercicio de la razón por el cual el narrador se pone en relación con las cosas.
Por otra parte el hablante es expresamente un poeta, de lo cual se desprende que la actividad de poetizar se incluye como materia del enunciado y se elabora dentro del texto una poética. En esta poética el poeta define su actividad desde el punto de vista de su función y procedimientos, enfatizando sus límites. Esto será una constante de la escritura de Borges.
El hablante recoge los elementos de la historia, de la historia literaria, de su historia familiar, de su historia personal en un intento poético (limitado) de dejar memoria de los hechos, de los momentos, y especialmente en el texto que comentamos, del espacio significante habitado por el sujeto. Este espacio se proyecta siempre formalmente desde un presente y está impregnado de intimidad.
El hablante tiene plena conciencia de la complejidad del instrumento usado, el lenguaje, y de la dificultad del propósito poético el que, más que reeditar una representación de la realidad, produce por su propios medios una versión más que se agrega a la realidad. En el poema se procesa la emoción o la experiencia directa, produciéndose una distancia por la mediación de las técnicas de la escritura, pero a la vez fijando un momento de significación para que entre en el circuito de la lectura. La relación del hablante con el saber se puede proponer bajo la categoría de la duda o la ignorancia, lo cual es coherente con los otros rasgos de la escri
no pretende cantartura.
En El Hacedor las marcas del hablante se afinan en la misma dirección, es decir, hay un hablante preferentemente reflexivo cuyos rasgos se pueden sintetizar de la siguiente forma:
rehúsa su identidad de sujeto por intermedio de cualquier identificación parcial
no pretende saber
no pretende poder
sí lee y se lee
sí postula hipótesis o conjeturas de carácter provisorio y tentativo
Este sujeto poético es nuevo en el momento en que Borges escribe y su construcción está presente en dos libros separados por cuarenta años de la escritura poética del "mismo" Borges. En el libro más reciente estos rasgos están más definidos y se ponen en juego variantes más complejas y múltiples. El nuevo tipo de sujeto que se postula aquí funda una nueva manera de entender la actividad literaria que se caracteriza por la conciencia que manifiesta el hablante sobre el juego que juega y por el carácter explícito de las reglas de este juego.
IMAGEN DE TEXTO
Ambos libros ofrecen una imagen de texto literario tanto por los procedimientos como por la programación. Ambos textos son líricos de una manera muy específica que describiré a continuación. La imagen de texto tiene que ver con la manera especial como los textos se incorporan a la tradición literaria de los géneros. Desde este punto de vista Fervor de Buenos Aires es un texto lírico por la acumulación de marcas propias de género que dicen relación con los temas, el hablante y los recursos de la textura. Sin embargo, se puede reconocer en este libro un germen de lo que será un procedimiento dominante en El Hacedor.
El texto poético en Borges admite actitudes propias y dominantes de otros géneros: la argumentación y la presentación de conjeturas del ensayo y la narración en tercera persona de una historia pasada propia del relato. Esto, que es un rasgo entre otros en el texto temprano, tiene el carácter de procedimiento generador y constitutivo en el texto más reciente. Borges presenta este libro como "esta colectiva y desordenada silva de varia lección".
El carácter miscelánico del libro se puede leer en dos niveles. Los temas que configuran la imagen del mundo y los procedimientos de la escritura que definen una imagen de texto. Desde el primer punto de vista encontramos en el libro temas históricos, argumentaciones filosóficas, teorías, mundos posibles, conjeturas sobre momentos no relatados en textos ficcionales propios y de otros autores, transformaciones de los significados en la historia, etc. Los temas abren vías comunicantes entre muchos textos de diferentes géneros, épocas y lugares. En cuanto a los procedimientos constitutivos de géneros se incluyen en el texto unidades con la forma de relato breve, de ensayo, de reflexión, de parábola, de sentencia y de poema lírico y combinaciones de esas formas.
Los dos libros que estamos comentando comparten rasgos similares en todos los niveles del análisis. En Fervor de Buenos Aires, por ejemplo, la unidad formal poema es una unidad textual breve en la que se despliega un instante de contemplación de un objeto imaginado, recordado o visto. Desde esta contemplación que se manifiesta en el carácter visual de las imágenes se desarrolla un pensamiento que expuesto separadamente podría constituir un ensayo, o bien, se cuenta una historia. El texto poema mantiene su carácter lírico ya que los otros elementos que contiene surgen del ámbito del sujeto.
En el poema "La plaza de San Martín" una situación de acción inicial
En busca de la tarde
fui apurando en vano las calles
no concluye en una secuencia narrativa temporal sino que se amplifica en una descripción de la plaza y el atardecer en un tiempo estático. Se proyecta un cuadro cuya construcción es subjetiva y se realiza con los procedimientos tradicionales del género: metáforas, verso, adjetivación, repeticiones semánticas y fónicas. En el poema "La Luna" se incluye un relato del cual se desprende una conjetura. La imagen de texto en El Hacedor es más claramente aleatoria ya que combina todas las formas poéticas con los recursos del relato y el ensayo.
TEXTURA
La primera evidencia que caracteriza la textura de los poemarios analizados es el uso de versos métricos irregulares. En Fervor de Buenos Aires predomina el verso libre, en El Hacedor predominan los endecasílabos ordenados en cuartetos. Los elementos constitutivos del verso mantienen la medida que lo recorta en la página como procedimiento propio de la lírica.
El tono del primer libro es íntimo y el segundo es solemne y entroncado con tópicos de la retórica tradicional. El entramado de intertextos da su estilo al tejido textual. La serie está constituida por tópicos clásicos como el ubi sunt, sic transit gloria mundi, sobrepujamiento, panegírico, la vida es sueño, alabanza, genealogía, la patria. Los tópicos románticos aparecen en el tema de la luna, la rosa, la lluvia. La verja y el reloj nos remiten a Machado.
La incorporación de los tópicos de la tradición poética obtiene un desarrollo peculiar en el interior de los textos y esto merece una explicación que el mismo Borges facilita. La retórica es un inventario de lugares literarios comunes a una cultura o época que sobrepasa a los individuos creadores y a un tiempo histórico preciso. Borges afirma que la literatura es una sola, tiene su propia validez e incluye toda la escritura. La puesta en práctica de este principio se traduce en el uso ostentoso de los temas y los tonos. No se puede leer un poema como "A Luis de Camoens" por ejemplo, sin un cierto tono declamatorio solemne que la escritura demanda. Otro aspecto de la misma idea es que la literatura de Borges es toda la literatura. Cuando leo a Borges también leo a Quevedo, a Homero, a Shakespeare. Esto opera en la escritura de Borges con secreta y sencilla eficacia. Borges mismo se refiere sintéticamente a lo que estamos explicando, en el prólogo de El otro, el mismo.
Es curiosa la suerte del escritor. Al principio es barroco,
vanidosamente barroco, y al cabo de los años puede
lograr, si son favorables los astros, no la sencillez, que no
es nada, sino la modesta y secreta complejidad.
Volvamos al libro más antiguo que estamos analizando. En "La plaza de San Martín" se describe la plaza así:
y la honda plaza igualadora de almas
se abre como la muerte, como el sueño.
La metáfora medieval otorga a la muerte el poder igualador y en Jorge Manrique se materializa como mar. Pero la imagen del mar es sólo el término de una imagen más compleja que tiene en su otro polo la imagen del río. Los semas activados en esta metáfora se pueden agrupar en un esquema de cuatro términos relacionados por una analogía. El mar es al río como la muerte es a la vida.
En la imagen de Borges tenemos plaza y puerto.
Abajo el puerto anhela latitudes lejanas
La transformación de la imagen de la oposición vida / muerte opera en varios niveles. Primero, el mar (imagen de la muerte) es reemplazado por la plaza que acumula los rasgos de la muerte y el sueño a través de la comparación (esta analogía es heredada también). Un elemento natural es sustituido por un objeto cultural. El río (imagen de la vida y su curso) es sustituido por la imagen de las calles que desembocan en la plaza. Entonces podríamos decir que así como río era a mar y vida era a muerte, ahora, calle es a plaza como actividad es a sosiego. De esta serie de analogías, sin embargo, no es posible rescatar todas las variantes que están en juego ya que la situación de la enunciación se ha modificado.
En el poema de Manrique el hablante enuncia sentencias de validez general sobre la vida y la muerte en una elegía fúnebre. En Borges el hablante hace una reflexión a partir de una experiencia de vida cotidiana: un paseo que desemboca en una plaza. La visión de la plaza se ofrece como una revelación, resultado de las características físicas del lugar más la reflexión y posterior construcción compleja de la imagen que pone a la plaza en la serie de visiones definidoras de la muerte.
Las transformaciones se podrían sintetizar así: los elementos naturales, ahora son culturales, el hablante elegíaco es ahora un hablante íntimo, privado; la imagen alegorizadora del proceso vida / muerte es ahora la imagen de un proceso de actividad / descanso a su vez alegorizador (en un plano prospectivo) del proceso vida / muerte. Así como el mar es el punto de destino igualador en las coplas de Manrique, aquí el puerto invierte esa función transformándose en punto de partida (desde la perspectiva localizada del hablante) para desear otros lugares lejanos. Cuando se dice "el puerto anhela", los procedimientos de personificación y metonimia se complementan dibujándose una figura quieta que anhela y no zarpa aunque es punto de partida. La plaza suspende el tiempo y es un componente de referencia en el diseño de un laberinto simétrico que se va descifrando en el juego de las relaciones espaciales, en el juego de las relaciones de la escritura.
Desde el punto de vista de la sintaxis los procedimientos reiterados son el paralelismo que equilibra el o los versos; la anáfora, que reitera la redundancia del nivel semántico. En el poema "La Rosa" la anáfora es el procedimiento constitutivo del poema. Este poema está inserto en una serie descriptiva y logra un propósito propio de la poética de Borges: describir un objeto temporal e intemporal al mismo tiempo.
Este poema está organizado por la adición de varias frases yuxtapuestas capaces de proponer a la vez el modo como se construye la representación de la rosa en el tiempo, tanto en su orden natural como en su orden cultural. De un modo no lineal se presenta una narrativa de la rosa en la historia cultural y literaria y se la "hace florecer en el poema". El tipo de repetición que se usa en este texto es la geminatio y su esquema es el siguiente:

sábado, 17 de mayo de 2014

Lectura critica

Lectura critica

El Pensamiento crítico es "la cuidadosa, deliberada determinación de lo que debemos aceptar, rechazar, o suspender sobre el tema, y el grado de confianza con el cual aceptamos o rechazamosor."
de Critical Thinking por Moore and Parker.
Estrategias para una Lectura Crítica

Pregúntese Usted mismo lo siguiente:

  • "¿Cual es el problema?"
  • "¿A qué conclusión llega el autor sobre el problema?"
  • "¿Cuales son las razones para que el autor piense as?"
    Esté alerta a un mal razonamiento (Por ej.piedad, miedo, mal uso de estadísticas etc.) que pueden engañarlo.
  • ¿Usó el autor hechos o opiniones?
    Los hechos pueden ser probados.
    Las opiniones no pueden ser probadas y puede que sean o no sean basadas en un buen razonamiento.
  • ¿Usó el autor palabras neutras o emocionales?
    Los lectores críticos miran más allá del lenguaje para ver si las razones son claras.

Características de los Pensadores Críticos

  • Son honestos con ellos mismos
  • Resisten la manipulación
  • Sobrellevan la confusión
  • Preguntan
  • Basan sus juicios en evidencias
  • Buscan conexiones entre temas

SI NO ES AQUÍ ..EN LA ESCUELA ... DONDE?

¿DONDE NACE EL FORO DE LA LENGUA?
¿SI NO ES AQUÍ…DONDE?

«LA ESCUELA EL ESCENARIO IDEAL,  PARA SER MEJORES SERES HUMANOS».


FORO INTER INSTITUCIONAL DE LA LENGUA

!SI NO ES EN LA ESCUELA!
¿EN DÓNDE?
TIEMPO PROPICIO

PARA LA POESÍA…

DISCURSO INSTALACIÓN FORO 2014

Alrededor De La Escuela Y Del Área Surgen Muchos Interrogantes... Si Estamos Siendo La Respuesta Que Estos Jóvenes Necesitan... El Foro, La Jornada Como Tal, Tiene Como Propósito Reflexionar, Aprehender, Intercambiar, Y Sobre Todo Crecer Como Mejores Seres Humano.
Son Muchos Los Años Que Tenemos Liderando Esta Iniciativa…que En Estos Momentos Recuerda A Nuestro Nobel De Literatura,.. Buscando, Indagando Sobre Todo Su Legado  Encontré Esta Opinión Sobre La Escuela: Aprehender es recordar. Esto quiere decir que cuando un niño llega a la escuela, puede ir ya predispuesto por la naturaleza para algún   oficio, aunque todavía no lo sepa. Y tal vez no lo sepa nunca, pero su destino puede ser mejor si alguien lo ayuda a descubrirlo. No para forzarlo en ningún sentido, sino para crearle condiciones favorables y alentarlo a gozar sin temores de su juguete preferido. Creo, con una seriedad absoluta, que hacer siempre lo que a uno le gusta, y sólo eso, es la fórmula magistral para una vida larga y feliz. Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma.
Una educación […] que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar, de acuerdo con los designios de un gran poeta de nuestro tiempo que pidió no seguir amándolas por separado como a dos hermanas enemigas. García Márquez,  anota que estos son TIEMPOS PROPICIOS para pensar que “las condiciones están dadas como nunca para el cambio social a través de la educación, y que la educación será su órgano maestro”. 
A Partir De Este imaginario Sobre Lo Que Debe Ser La Escuela Y Sobre Todo Lo Que Debe Hacer.. ...Nuestro Foro De La Lengua Trata De Despertar Otro Tipo De Aprehendizajes …Temáticas Como El “ Líder Nace O Se Hace(2013), Quien Tiene El Control  La Escuela O Los Medios De Comunicación (2012),
Ortografía Sí O No…2011), La Comunicación  2010, El Bilingüismo Sí O No 2010, Y Nuestro Foro “Recorramos Las Calles De Macondo... Un Mundo De Realidad Para Soñar. Llevamos A Toda La Comunidad A Generar Un Debate Sobre Temáticas De Actualidad, Con Todo El Engranaje De Un Evento De Grandes Dimensiones… Queremos Que Nuestros Jóvenes Encuentren En La Escuela Las Respuestas Más Acertadas  Para Hacer La Vida...
Este Año Comenzamos A Buscar El Tema  A Partir Del Poema De Vicente Huidobro  Arte Poética (Ver)
Con Estas Inquietudes Llegamos A Este Tema “ Tiempo Propicio Para La Poesía…Una Forma Literaria Olvidada? ¿ En Decadencia ¿ O Más Fortalecida Que Nunca …Difícil De Hacer En Nuestros Tiempos.?.’ Preguntas Que Trataremos De Resolver A Partir De Las Exposiciones Y De Las Intervenciones  ,  Y Sobre Todo Del Disfrute Y El Goce De Un Recital De Poesía Donde Soñaremos Y Daremos Vida A Nuestros Sentimientos Para Decirle Al Más Grande  De Todos Los Tiempos Tú Realismo Mágico .. Tu Lluvia De Mariposas Amarillas Seguirán Por Todas Las Generaciones… Porque Escribir En Prosa O En Verso, Plasmar Sentimientos O Sencillamente Reescribir El Mundo Vivido,  Nos Ayudara A Ser Mejores Humanos... Y Podremos Soñar Con El País Que Queremos…Impregnando A Nuestro Jóvenes De Ganas De Transformar Sus Vidas Y La De Su Entorno...No Sé Si Es Tiempo Propicio Para La Poesía... Lo Que Si Se Es Que Es Tiempo Para Humanizarnos A Través De La Literatura…
Por Siempre... Desde Este Foro Te Decimos Tu Realismo Mágico... Nos Acompañara Para Seguir Construyendo  La Escuela Que Queremos…
Gracias.


¿Cómo escribir después de Gabriel García Marquéz?

¿Qué tenía la realidad de García Márquez que lo llevó a construir un Realismo mágico?


Tenía dos mundos: el mundo que estaba en su futuro, el mundo de los poderosos, de los bien educados, los "realistas", el mundo globalizado que él se propuso conquistar; y su propio mundo, el mundo de su presente que pronto se convertiría en pasado, el de los pobres y periferales, los habitantes de los miles de pequeños pueblos en todo el llamado Tercer Mundo, los cataqueros y los macondianos, hombres, mujeres y niños, los que le enseñaron la sabiduría, el sentido común y la intuición mágica que no se encontraba en los libros. Esos dos mundos se encuentran, se contradicen, se chocan y se fusionan en sus obras, sobre todo en Cien años de soledad".

¿Cómo escribir después de Gabriel Garcia Marquez? 

Esta es una pregunta que se le hizo a todo escritor colombiano después de la publicación de Cien años de soledad, en 1967. En ese momento la estatura literaria que alcanzó el autor de Aracataca parecía opacar cualquier otro esfuerzo literario, por lo menos dentro de las fronteras colombianas. Muchos escritores que comenzaban su tareas en aquel entonces quizá se sintieron un poco coartados por la presencia tutelar del fabulador de Macondo. En cambio, para los escritores, como yo, que comenzamos a escribir cuando ya la obra de García Márquez estaba bien establecida, su presencia no sólo fue un estímulo sino también un alivio.
Por aquel entonces, hablo de comienzos de la década de 1970, todavía se debatía mucho acerca de la diferencia entre una literatura rural y otra urbana. Se consideraba que al ser Colombia un país mayoritariamente rural (más bien provinciano, diría yo) esta debía ser la literatura posible; pero justamente García Márquez acababa de torcerle el pescuezo a la literatura rural considerada como un rezago provincial. O sea, nos quitó el peso de escribir sobre mundos que no nos pertenecían.
Los escritores de mi generación entendieron que había que comenzar a escribir sobre el mundo que realmente conocíamos, es decir, sobre nuestro barrio. Eso, por demás, era lo que había hecho García Márquez al construir su imaginario de Macondo, que no era más que el mundo de su natal Aracataca y Sucre, el municipio donde creció. Ese mundo pueblerino de la costa Caribe colombiana que era, de hecho, el barrio de García Márquez.
Él mismo después de lograr alturas míticas con Macondo, decidió volver a escribir, despojándolos de la máscara, sobre los lugares que dieron origen a su aldea imaginaria, Sucre en Crónica de una muerte anunciada, Cartagena en El amor de los tiempos del cólera e incluso escribió sobre los paisajes y sus experiencias vividas en otras latitudes, en Doce cuentos peregrinos, que incluyeron cuentos en Europa, México y Colombia.
Hoy podemos mirar la benéfica influencia de su obra en todos los escritores posteriores a él. García Márquez, ya no es un peso pesado difícil de llevar (en mi caso nunca lo fue), sino más bien una suerte. Si Jairo Aníbal Niño decía que todos los escritores deberiamos considerarnos colegas de Homero, también deberíamos sentir que gracias a García Márquez esta aproximación al legendario literato griego es más real.
García Márquez nunca fue un peso para otros escritores, fue más bien un salvavidas para la literatura que hizo flotar el deseo de contar, de narrar historias, que favoreció la existencia de nuevos narradores. Por eso y sólo por eso, ya podríamos considerarnos felices por haberlo tenido durante el breve lapso de ochenta y siete años caminando sobre la tierra.
Claro que sería mucho más perfecto si hubieran sido cien años.

fuente:robertorubianovargas.blogspot.com

viernes, 18 de abril de 2014

LA POESÍA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ.

“García Márquez nunca ha buscado otra cosa en su obra que evocar los espíritus esquivos de la poesía pues su prosa está impregnada de lírica “

LA POESÍA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ


 Entre nostalgias de la casa grande de Aracataca, alegrías y timideces multicolores, vividas o soñadas en las nacientes aventuras preadolescentes en Barranquilla y las conventuales y monótonas vigilias en Zipaquirá y Bogotá, nacen y crecen los primeros poemas de amor, reflexión y soledad, salidos de la pluma febril de..
 Gabriel García Márquez.
  
De manera que esta circunstancia, sumada a un especial temperamento de niño observador e imaginativo y a la influyente personalidad de su abuelo el coronel Nicolás Ricardo Márquez y a la prodigiosa agudeza mental, supersticiosa y mística, de Tranquilina Iguarán Cotes, su abuela, determinaron sin lugar a dudas la adhesión espiritual y vitalicia hacia lo que Gabriel García Márquez denominaría más adelante como “los espíritus esquivos de la poesía”.

 En 1940, cuando el futuro autor de Cien años de soledad acababa de cumplir sus 13 años y cursaba el primer año de secundaria en el Colegio San José de Barranquilla, regentado por los padres jesuitas, dio a conocer unas tímidas muestras de su enorme capacidad para versificar, cuando le improvisaba a cada uno de sus condiscípulos lo mismo que a sus profesores, cuartetas festivas y versos satíricos, sin que hubiera en alguno de ellos ningún asomo de gracia lírica.

“El padre Luis Posada —recuerda Gabo en sus memorias—, capturó uno, lo leyó con ceño adusto y me soltó la reprimenda de rigor, pero se lo guardó en el bolsillo. El padre Arturo Mejía me citó entonces en su oficina para proponerme que las sátiras decomisadas se publicaran en la revista Juventud, órgano oficial de los alumnos del colegio. Mi reacción inmediata fue un retortijón de sorpresa, vergüenza y felicidad, que resolví con un rechazo nada convincente: —Son bobadas mías. El padre Mejía tomó nota de la respuesta y publicó los versos con ese título —“Bobadas mías”— y con la firma de Gabito, en el número siguiente de la revista y con la autorización de las víctimas”…

Por ese tiempo, Gabo tenía el vicio de leer todo lo que cayera en sus manos y se aprendió de memoria decenas de romances del repertorio popular y los más hermosos poemas del Siglo de Oro español. También, el súbito aliento embrujador de los Veinte poemas de amor de Pablo Neruda sedujo al joven Gabo hasta el punto de aprenderse de memoria y recitar no pocas veces al día el famoso “Poema veinte”, lo cual ocasionaba la cólera de algún jesuita.

Una breve muestra de lo que escribía Gabito en esa época es el poema titulado “La muerte de la rosa”:
* * *
Durante su adolescencia, Gabriel García Márquez no mostró interés literario distinto de la poesía. 
En septiembre de 1943 le llegaron a Zipaquirá los ecos de la controversial visita a Colombia de Pablo Neruda y de la violenta polémica que lo enfrentó el líder conservador Laureano Gómez. Tres décadas más tarde el poeta chileno declararía que la novela estelar de García Márquez era el Quijote de América y pediría para él el Premio Nobel de Literatura. Cuando este deseo se hizo realidad Gabo en su discurso de recepción le rendiría homenaje, llamándolo “Pablo Neruda el grande, el más grande, en cuyos versos destilan su tristeza milenaria, nuestros mejores sueños sin salida”.

Ya por entonces Gabito imitaba a Eduardo Carranza en las prosas líricas que, a la manera de Gabo ensayó escribir un texto en cuartetos eneasílabos, titulado “Poema desde un caracol”: 
Gabo no cabía de la dicha a sus 17 años pensando en que sería un poeta y nada más que un poeta. Luego de graduarse de bachiller con honores.
 Ya en la universidad Nacional empieza a publicar sus poemas En La Razón, en una columna bautizada “Poetas Universitarios” apareció firmado por Gabriel García Márquez un poema titulado “Geografía celeste” con el ante título de “Elegía a la Marisela”, que dice así:


Gabo parecía querer contarnos un cuento en cada poema o versificación. Reiteraba, sin saberlo, que cada buen poema no era otra cosa que el teatro de una acción. Y así, hasta que por propia confesión, se sintió cegado por el rayo de sol de La metamorfosis de Kafka, en un insólito camino hacia el Damasco narrativo, Gabo se convenció a sí mismo que la avenida ancha de su destino literario no estaba en la poesía propiamente dicha como género a cultivar sino en la novela y el cuento (el cuento, por lo pronto), en tanto que aquella era tan sólo un preludio prodigioso y fosforescente, un ejercicio de disciplina impostergable, un riguroso sistema de elaboración de estructuras literarias para obras superiores aún no soñadas.

Sin embargo, con esa sorda y peligrosa terquedad de quien no es nadie pero quiere serlo todo, Gabo continuó escribiendo poemas y sonetos de medidas perfectas y publicándolos en las páginas de sus buenos amigos, unas veces con el seudónimo de “Javier Garcés” y otras con su nombre verdadero.
A mediados de 1945 publicó con seudónimo el soneto “Tercera ausencia del amor”:


“Es difícil imaginar, escribe Gabo en sus memorias, hasta qué punto se vivía entonces a la sombra de la poesía. Era una pasión frenética, otro modo de ser, una bola de candela que andaba de su cuenta por todas partes. Abríamos el periódico, aún en la sección económica o en la página judicial, o leíamos el asiento del café en el fondo de la taza, y allí estaba esperándonos la poesía para hacerse cargo de nuestros sueños”.

Y como Bogotá no era solamente la capital dela República y la sede del gobierno, sino sobre todo la ciudad donde vivían los poetas, no sólo creía Gabo en la poesía y se moría por ella, sino que sabía con certeza que, como lo escribió Luis Cardoza y Aragón, “era la única prueba concreta de la existencia del hombre”.

Un soneto bautizado “Sin título” —junto con el “Soneto matinal a una colegiala ingrávida”—, son los últimos poemas que Gabriel García Márquez publicó en los diarios capitalinos y en cualquier otro periódico de la Tierra, antes de que apareciera “La tercera resignación”, su primer texto narrativo, hace exactamente 60 años en el suplemento Fin de semana de El Espectador.
Hoy, cuando el orbe entero está llorando su partida a los  87 años del nacimiento del genial fabulista de Macondo,  queremos reconocer en su narrativa magistral, el duende inequívoco de la lírica, las deslumbrantes y arrobadoras gotas de luz con que suele constelar su prosa prodigiosa, y corroborar así que la presencia de la poesía en la novela, el cuento y el periodismo de Gabriel García Márquez no es solamente la prueba concreta de la magnificencia de su parábola vital, sino que es la única artífice de una obra que desde siempre nos ha pertenecido a todos y que se cristaliza en la memoria de los tiempos “más allá del aire donde se terminan las cuatro de la tarde hasta donde no pueden alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria”.
 Desde este foro te rendimos un sentido homenaje.

Por siempre.